martes, 19 de junio de 2012

Vagabundo, literato y libre


Hace tiempo que le llevo viendo. Es un señor de más de 40 y menos de 60, de pelo blanco y ojos azules. En todas las ocasiones lleva un libro en la mano y algunas, sostiene un pitillo de liar en la otra. 

La primera vez que le vi saludé, como no podría ser de otra manera, a su viejo amigo bajito, marrón y peludo que le acompaña. Por la contestación que me dio su dueño, deduje que no eran unos `buenos días´ de alguien que hubiera dejado la enseñanza general básica y se pasara el día intentando aparentar una vida de melancolía y mala suerte. Tras 5 ó 6 minutos hablando de animales de compañía ya quería quedarme allí a preguntarle todo tipo de cosas; de dónde venía, a dónde iba -si es que iba a algún sitio, qué le había llevado a aquella situación, cómo era la India, o qué opinaba de los republicanos estadounidenses... pero como muchas otras veces, dejé pasar el momento y le di el euro de mi carrito. 

Mientras conducía de vuelta a mi casa, pensaba en aquel hombre y en todo lo que nunca le preguntaré y me vinieron solas imágenes de la que podría haber sido su intrigante vida. Quizás había sido profesor de antropología, o filósofo, o historiador. O quizás había sido director de banco o gerente de una multinacional y ahora, desencantado de la sociedad y de las riquezas que no te enriquecen en absoluto había decidido una mañana comprar una caravana de segunda mano y coger a su más fiel amigo para vivir de los restos de otras personas, de la libertad y del sol. 

Jamás se me ha ocurrido en la veintena de veces que le he visto, que haya podido tener una trágica vida concluida con el alcoholismo o el desahucio. Jamás he sentido lástima o desconfianza hacia él. Jamás he pensado que la familia le echara de casa, o que fuera un ex convicto o simplemente un cincuentón al que se le han acabado el paro y las opciones... y todas estas historias podrían ser la verdadera.

Nunca tendría más sentido este cuento que en junio de 2012, donde mi país se encuentra ante la desesperanza más absoluta y la gente perdida y asustada. Es ahora cuando veo las cosas desde esta perspectiva con una claridad cegadora. Siempre seremos nosotros los que nos haremos libres o esclavos, los que elegiremos si ser vagabundos o señores. 

Y sobre este personaje os diré que siempre que paso por ese supermercado miro hacia la puerta a ver si está allí y el día que no le vea le echaré de menos. Nunca sabrá que escribí esto sobre él, que un trocito de mi vida se inspiró con él, quien sabe, igual tampoco le gustaría. Pero yo siempre pensaré en que estará corriendo otra de sus aventuras, conversando con otras personas, dando ejemplo de su exquisita educación en otra parte del mundo. En una ciudad que él haya elegido, sentado en el trozo de tierra que será suyo por derecho.

2 comentarios: