Imagina que un día te dicen que no puedes respirar porque si respiras, te mueres. Parece un oxímoron, ¿no? Lo que te da la vida, te la quita al mismo tiempo...
Imagina que por un momento lo que más quieres, deseas, necesitas, te lo quitan. Piensa en algo que te haga sentir pleno. Piensa en lo que piensas cuando estás en tu sofá calentito por la noche, o cuando vas al campo y te sientas en la hierba. Piensa en la plenitud que sientes cuando has pasado una tarde de copas con los amigos y te has sentido afortunado de tenerles y de compartir con ellos ese preciso momento. Piensa en tu hijo, en tu hermano, piensa en tu pareja y las veces que sin venir a cuento le coges de la mano. Piensa en esas cosas que no se compran con dinero, que nadie te regala excepto tu conciencia. Piensa.
Pregúntate cuanto vale tu vida. Pregúntate cuanto valen esos momentos. Pregúntate cuanto has tardado en dormir por las noches siendo consciente de esas personas que te rodean, de esos momentos indescriptibles, de ese cenicero de barro lleno de colorines que has comprado en un mercadillo y que siempre te va a evocar una sonrisa...
Ahora imagina que te lo quitan.
Es como un sueño precioso antes de que suene el despertador. En mi caso ese sueño siempre ha estado rodeado de ladridos, patas, montañas de pelo y lametones. Siempre que he mirado a los ojos a Cyra y me ha devuelto la mirada, he sabido que las cosas iban a salir bien. Siempre que Luna ha venido a darme la pata he sabido que no estaba sola. Siempre que Cooper ha hecho una trastada de las suyas, he sabido que tenía alguien a quien el destino me había encomendado defender ante el mundo... Ahora mis pulmones me han dicho que no puedo vivir con ellos. Que son la principal fuente de una posible temprana mortalidad. No puedo tocarles, ni estar encerrada con ellos en una habitación, ni abrazarles, ni cogerles en brazos. Si existe un Dios, ya me quitó a un hermano. Si ya me falta un trozo de corazón no entiendo que ahora quiera quitarme otro. Yo creo que el amor incondicional a un ser vivo no merece castigo.
Indescriptibles debe ser tu cara en estos momentos.
No espero que lo comprendas. Yo llevo más de tres décadas intentando entender a las personas que no soportan a los animales. Intentando amoldarme a los demás. No espero si quiera que me compadezcas. Para mí, vivir sin ellos nunca ha sido una opción. Loca pensarás, pero la locura según la `rae´, radica en la privación del juicio o uso de la razón. Y yo les quiero con todo mi corazón pero sobretodo con toda mi consciencia. Son mi familia. Son la lealtad, la comprensión y el perdón. ¿Acaso no está loco el que no aprovecha cada instante? ¿No está loco el que jamás ha tenido agujetas de reír a carcajadas? ¿No está loco el que piensa que la felicidad se mide en proporción al poder?
A quien piense que la vida le pone en una encrucijada tras otra, debería aprender a priorizar en dirección a su norte. Mi norte tiene unas huellas que siendo tan diferentes a las mías siempre marcarán mis pasos. No me puedo equivocar. Lo importante es el camino, siempre es el camino.